Mesfacil ha echado raíces y se ha focalizado en el descanso, pero tuvo unos inicios itinerantes por varias comarcas catalanas repartiendo movilidad y recogiendo vida y experiencias. El Sr. F. me pidió una silla eléctrica para pasear por el barrio cuando aún estaba ingresado y había perdido sus piernas. Cuando fui a entregarla comprobé asombrada como su voluntad octogenaria superaba ocho escalones para acceder a la puerta de casa y probar su nueva silla. No obstante, en aquel hogar me esperaban más maravillas. Su madrina, con 96 años a sus espaldas, se movía como una liebre haciendo las camas y ordenando la casa. Me asombró tanto su piel tersa y su belleza que cometí la indiscreción de comentarle que en su juventud debió ser un prodigio de mujer. Entonces se paró y me miró un segundo con sus preciosos ojos azules, que enseguida se desviaron hacia un pasado invisible para mi. Pues la verdad –me dijo- es que cuando entraba en el baile se hacía el silencio.

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