La reina del baile de Valls

Mesfacil ha echado raíces y se ha focalizado en el descanso, pero tuvo unos inicios itinerantes por varias comarcas catalanas repartiendo movilidad y recogiendo vida y experiencias. El Sr. F. me pidió una silla eléctrica para pasear por el barrio cuando aún estaba ingresado y había perdido sus piernas. Cuando fui a entregarla comprobé asombrada como su voluntad octogenaria superaba ocho escalones para acceder a la puerta de casa y probar su nueva silla. No obstante, en aquel hogar me esperaban más maravillas. Su madrina, con 96 años a sus espaldas, se movía como una liebre haciendo las camas y ordenando la casa. Me asombró tanto su piel tersa y su belleza que cometí la indiscreción de comentarle que en su juventud debió ser un prodigio de mujer. Entonces se paró y me miró un segundo con sus preciosos ojos azules, que enseguida se desviaron hacia un pasado invisible para mi. Pues la verdad –me dijo- es que cuando entraba en el baile se hacía el silencio.

Medidas especiales y amores imposibles

Dicen que la convivencia es difícil, aunque para las muy octogenarias hermanas M. y P. nunca lo ha sido. Viven juntas desde que nacieron y viéndolas tengo la sensación de que casi son un solo ser. Hoy descubro con pesar que la hermana mayor murió hace pocos meses y por lo tanto ya no son tres. Yo a la mayor solo la vi una vez cuando fui a llevarles a casa una silla de ducha. Ese día me impresionó mucho su historia y el cariño con el que recordaban a sus padres, fallecidos hace tanto tiempo, cuando dejaron de ser cinco.

En realidad, siempre vivieron juntas por que ninguna se casó. Ser hijas de guardia civil en aquella época marcaba mucho. La mediana me confiesa que con aquel chico del maresme sí que se hubiera casado… aquel sí que le gustaba… Pero la familia de él era de izquierdas y claro, aquello fue un amor más en la inmensidad del universo de los amores imposibles.

Los nuevos colchones que entregamos en pocos días tienen unas medidas tan imposibles como sus amores, dudo que vuelva a vender nunca otros colchones tan imposibles. Mis colchones deben adecuarse a camas del pasado, de un pasado tan lejano que casi parece que nunca existió. La fractura social que les impidió relacionarse normalmente con los muchachos de su edad no pudo sino unirlas más. Son tan buenas y se quieren tanto que se instalan irremediablemente en mi catálogo de clientas inolvidables que me acompañan sin remedio en mi quehacer cotidiano.

Las historias de Mesfacil

La Sra. M. vino con su hermana, las dos del bracito a mirar los sillones. En realidad al final la Sra. M. se acabó quedando un colchón híbrido. Hoy se lo hemos llevado, deseo de corazón que le resulte muy cómodo y que lo pueda disfrutar muchos años. Pero la protagonista de esta historia no es la Sra. M. sino su  hermana, que trasteando por el showroom vio  la muñeca que preside esta noticia, un regalo de una gran amiga que vive lejos. La tengo siempre encima de algún colchón o alguna butaca. Me acompaña mucho más que si la tuviera en casa.

En un momento memorable de las pruebas de sillones y colchones de una y otra , la hermana de la Sra. M. cogió la muñeca y se la quedó mirando hipnotizada tanto rato que me diopor pensar de todo. En un momento pensé que vería el arreglo que le había hecho con celo el día que se me cayó, moviendo todo el showroom para hacer las fotos que aparecen en esta web. Pero no. La buena mujer la miraba como si volviera a ser una niña pequeña maravillada ante una muñeca preciosa. Soltó un suspiro y dijo -ay por dios, que cosas hacen- y la volvió de dejar con suavidad encima de mi mecedora. Y de golpe la emoción me embargó, recordé las historias de los mayores de mi familia, tan carentes de juguetes y de tantas cosas. La infancia de nuestros padres y abuelos no tiene nada que ver con la nuestra y la de nuestros hijos.

Cuando traje la muñeca a la tienda no imaginé que despertaría tantos sentimientos. Voy a comprar loctite para arreglarla como merece.

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